10 diciembre 2007

IÑAKI URIARTE
ARQUITECTO

Una arquitectura de una audacia proyectual fantasiosa, y ejecutada con osadía tecnológica, ha cumplido su primera misión, gracias a su conversión en una pasarela de moda para retratar bajo su rótulo a ídolos populares fichados para la ocasión, que son estimulantes para una afluencia multitudinaria de imitadores peregrinos hacia La Meca Americana ­una especie de mito y rito, mezcla de Lourdes y Sagrada Familia de la postguerra­, aliviados y divertidos con sensaciones de Disneylandia. El emplazamiento tan forzado origina una pésima accesibilidad que desemboca en un espacio de vulgarismo, ajeno al propio museo e infectado de obstáculos publicitarios que contribuyen a perturbar la contemplación de su majestuosidad, conceptos que no preocupan ni a la propia institución. Esto es significativo de un descrédito e incapacidad municipal que demuestra que Bilbao no está capacitado para recibir dignamente un proyecto de esta naturaleza.

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